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CECAS de Iberia / Hispania:
Cuadro General  -   Listado Alfabético  -   Índice por Provincias

Introducción Pueblos Hispánicos Leyendas Imperiales Hispania
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INTRODUCCIÓN
a la Numismática de Hispania Antigua

 

Griegas   Fenopúnicas   Hisp. Citerior   Hisp. Ulterior   Latinas   Provinciales

 


 

Generalidades de la
numismática Hispánica

Griegos en el golfo de Rosas; fenicios en las costas del sur y en Ibiza; púnicos en el Guadalquivir; cartagineses en Carthagonova; celtíberos en el sistema Ibérico y otras áreas, íberos en el Ebro y en todo el Levante peninsular; berones y vascones en ciertas zonas del Norte; oretanos, bastetanos y turdetanos en casi todo el Sur y algunos otros pueblos de menor importancia, conforman la larga relación de pueblos que acuñaron moneda en  la llamada Iberia o Hispania Antigua.

El final de la Segunda Guerra Púnica supuso una relativa ruptura en la marcha de las acuñaciones monetales griegas, feno-púnicas e ibéricas de la península, con los comienzos de la organización de Hispania por los romanos y su división en dos Provincias (Citerior y Ulterior) algunos de los pueblos peninsulares se suman a la emisión de moneda y el número de cecas aumenta grandemente.

Sin embargo desconocemos porqué no acuñó moneda en la antigüedad todo el cuadrante del Noroeste peninsular y gran parte de la Lusitania, zonas habitadas por pueblos de origen celta (galaicos, astures, cántabros, vacceos, lusitanos y vettones) que debieron esperar a la llegada de suevos y visigodos para disponer de cecas propias, resultando paradójico que muchas ciudades que poseyeron cecas eran simples aldeas y sin embargo auténticas ciudades como Palantia, Intercatia, Bracara o Asturica no tuvieron taller monetal.


Los romanos en su conquista, encontraron en Hispania un gran mosaico de pueblos con distintos orígenes y estructuras sociales, políticas y religiosas. La amonedación durante esta época republicana en las dos provincias -Citerior y Ulterior-, no se comportó de un modo homogéneo ni uniforme, la Ulterior tuvo una total libertad para elegir sus tipos y su escritura pero en cambio no acuñó plata, emitiendo solamente moneda de bronce y plomos monetiformes, mientras que en la Citerior la uniformidad de tipos es mayor (cabeza varonil y jinete ibérico) y se acuñaron gran cantidad de denarios con supuesto objetivo de pagar impuestos y sufragar gastos militares.

Ningún otro país mediterráneo proporcionó la gran variedad étnica y la enorme cantidad de ciudades acuñadoras que ofreció la antigua Hispania a los romanos. Roma no parece que intentara centralizar las cecas durante los primeros tiempos republicanos, manteniendo alrededor de 200 de ellas en funcionamiento y respetando su señas de identidad al permitir utilizar los alfabetos e iconografía indígenas.

Finalizadas las guerras sertorianas el panorama cambió totalmente, la derrota de Sertorio y la pacificación de 72 a.C., no solamente supuso el final del denario ibérico, las acuñaciones latinas crecieron y los talleres redujeron drásticamente sus emisiones o desaparecieron como tales cecas, siendo reconvertidas tan solo algunas de ellas en provinciales romanas. La escritura ibérica y la imagen del jinete dejarían sitio a la escritura latina y los emblemas metropolitanos. La actividad monetaria en general, que tenía un carácter marcadamente local y debió concluir en su mayor parte en el primer cuarto del siglo I a.C.

Con la reforma monetaria de Augusto desaparecieron otras cecas y con Calígula cerraron otras, con el emperador Claudio podemos decir que finalizó este largo y variado periodo de acuñaciones Hispánicas.


En suma: alrededor de 300 cecas, durante casi cinco siglos y con siete distintos alfabetos dan prueba de la gran importancia de la numismática Hispánica.

 Ver listado de Cecas Hispánicas

 


 

Generalidades de las
emisiones monetarias Griegas

La introducción de la moneda en la península Ibérica, no fue obra de sociedades indígenas, sino consecuencia directa de la acción colonizadora griega.

Emporion, en el sur del golfo de Rosas, fundada hacia el año 600 a.C. por navegantes focenses y Rhode, situada al otro lado del golfo, fueron las cecas encargadas de suministrar moneda para la colonización griega de nuestras costas orientales. Su primeras emisiones que denominamos "monedas fraccionarias anteriores a las dracmas" datan tal vez de principios del siglo V a.C., o más posiblemente de mediados de este siglo y convierten a Emporion en la ceca más antigua de las actuales España y Portugal.

Finalizada la II Guerra Púnica, algunos pueblos ibéricos del NE peninsular empezaron a acuñar moneda imitando la que mejor conocían: los dracmas y divisores de Emporion y Rhode.


Durante los aproximadamente 4 siglos de emisiones de ascendencia griega en el Este peninsular, no se acuña en oro y prácticamente casi no se utiliza el bronce, siendo por tanto la dracma de plata y algunos de sus múltiples divisores, las monedas características de este período. 

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Generalidades de las acuñaciones
de influencia Fenicio-púnica

Las cecas que utilizaron los alfabetos fenicio-púnicos, corresponden a una serie de antiguos emplazamientos fenicios y cartagineses que tras la II Guerra Púnica y durante gran parte de la dominación romana, continuaron utilizando su alfabeto y sus símbolos. Tan solo al final de su existencia, algunas de ellas utilizaron leyendas latinas, siendo lo más frecuente las acuñaciones bilingües.

Las primeras emisiones feno-púnicas se realizaron desde Gadir y Ebusus (alrededor del 300-237 a.C.) . Durante la presencia bárquida y la II Guerra Púnica, hay una segunda etapa de esplendor (237-202 a.C.) con las denominadas acuñaciones Hispano-cartaginesas, a las que se incorporan Malaca, Sexs, Kart Hadash y Baria. Por último, puede establecerse un tercer período hasta mediados del s. I a.C. en el que se incorporan el resto de las cecas.

Durante los aproximadamente 3 siglos de emisiones de ascendencia feno-púnica en el sur peninsular y en Ibiza, se acuña raramente en oro, con frecuencia piezas de plata (shekel) y sobre todo, abundantes y muy diversos bronces.


El término "púnico" no es más que la castellanización de la palabra latina "poeni", que es como designaban los romanos a los cartagineses. Con el término "libiofenicias" se designa a una serie de cecas neopúnicas dado el carácter especial de sus leyendas, que también se han denominado con otros nombres como: bastulo-fenicias, tartesias o neo-arameas. Generalmente se piensa que eran asentamientos establecidos por alguna población norteafricana, de religión semita, que se desplazó a la península antes de la II Guerra Púnica.

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Generalidades de la amonedación
Ibérica, Celtibérica, Berona y Vascona
(HISPANIA CITERIOR)

Arqueológicamente parece poder distinguirse entre "íberos" (edetanos y contestanos) y pueblos "considerados tradicionalmente como íberos", refiriéndonos a los otros pueblos del norte del río Ebro cuyo nombre desconocemos. De hecho, los denominados "íberos" de la actual Cataluña, posiblemente debieran ser considerados como indoeuropeos o preceltas (?).

Algunas ciudades ibéricas como Untikesken, Iltirta y Arse, empezaron a acuñar moneda imitando la que mejor conocían, las dracmas y los divisores de Emporion, constituyendo la escasa amonedación ibérica prerromana. Las cecas ibéricas de Saiti y Kese pudieron tener ya sus emisiones en los inicios del siglo II a.C., en torno a mediados de este siglo comenzaron los talleres de: Ausesken, Laiesken, Ilturo, Sesars, Seteis, Bolskan, Sekia y Kelse. En distintos momentos de la segunda mitad de siglo II a.C. se fueron incorporando las demás cecas sedetanas, ausetanas y layetanas. Por último, en la transición al siglo I a.C., se añadieron Iaka, Saltuie, Alaun, Iltukoite, Lakine y Otobesken.

La amonedación con escritura ibérica fue incluyendo el alfabeto latino durante la época de la conquista (adaptándose y romanizándose).


Los pueblos celtibéricos, berones y vascones usaron el bronce, casi siempre en forma de unidad (as) pero también emitieron denarios de plata. Acuñaron moneda a partir de mediados o finales del siglo II a.C., coincidiendo con el destacamento de tropas romanas en el territorio, manteniendo patrones propios y lo que es más sorprendente, a pesar de no ser su lengua, usaron la epigrafía ibérica.

El área del alto Duero y el sistema Ibérico central (actualmente las provincias de Soria y Guadalajara, más parte de las de Zaragoza, Teruel, Cuenca, Burgos y Logroño) estaba habitada por los denominados "celtas de iberia" es decir, por las tribus celtíberas, tradicionalmente consideradas como el resultado de la fusión de los celtas y los íberos circundantes; si bien hoy se estima que eran claramente pueblos célticos (al igual que los berones situados al N.) con su cultura diferenciada. Vascones y otros pueblos de los que no conocemos su nombre ni origen, habitaban al sur y oeste de los Pirineos occidentales.

Realmente, no se conocen con exactitud los distintos pueblos que formaban la denominada Celtiberia y tampoco, la localización de bastantes de las cecas celtíberas, beronas o vasconas.


Durante los aproximadamente 2 siglos de emisiones con escritura ibérica en la Citerior, no se acuña en oro, se emiten frecuentemente piezas de plata (dracmas y divisores, denarios y quinarios) desde la ceca cabecera o capital de la zona y sobre todo se acuña abundante Ae (unidades y divisores) destacando el famoso jinete lancero.

Merece especial mención las abundantes acuñaciones militares de principios del siglo I a.C. que los partidarios de Sertorio emitieron, tanto en plata como en bronce, desde Boslkan y otras cecas.

¿Quieres profundizar?
Ver: Artículo sobre la moneda de los Iberos

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Generalidades de las acuñaciones
Ibéricas Meridionales y Sud-Lusitanas
(HISPANIA ULTERIOR)

Las cecas de Castulo, Obulco y Florentia pudieron iniciar sus emisiones en los inicios del siglo II a.C. alternado los patrones romanos y los turdetanos. En distintos momentos de la segunda mitad de siglo II a.C. se fueron incorporando otras cecas con escritura ibérica meridional, como Ilkalesken o Iltutir.

Ketovion es la única ceca peninsular que usa caracteres surlusitanos, escritura quizás testimonio tardío de la tartésica y que no ha podido ser descifrada en su totalidad todavía.


Durante los casi dos siglos de emisiones con escritura ibérica meridional en la Ulterior, no se acuña en oro ni plata, pero se emite abundante Ae (unidades y múltiples divisores), destacando además las emisiones de téseras monetales de plomo en las zonas mineras.

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Generalidades de las acuñaciones
con leyendas latinas en la época Republicana

Las cecas estrictamente con leyendas latinas de Hispania Citerior son muy escasas (Toletum y Valentia entre ellas) contrastando con los 69 talleres que amonedaron en la Ulterior, desde que se inician las emisiones locales latinas hasta el periodo de Augusto.

48 cecas de Hispania Ulterior utilizaron exclusivamente el alfabeto latino alternado los patrones romanos, turdetanos y feno-púnicos, mientras otras cecas simultanearon sus antiguos caracteres ibéricos o feno-púnicos, con las leyendas latinas.


Durante los dos siglos de emisiones con escritura latina en Hispania, no se acuña en oro ni plata, pero se emite abundante Ae (ases y divisores), mereciendo especial atención las imitaciones de ases y semis imperiales de bronce, que se acuñaron en Hispania a lo largo de todo el periodo Republicano.



Las acuñaciones militares con leyendas latinas que se emitieron en Hispania, tienen un carácter más bien Imperial, utilizan preferiblemente la plata y son ordenadas por autoridades romanas, por tanto no son moneda local o provincial, en resumen son:

212-209 a.C.- Durante la II Guerra Púnica se acuñan en plata "victoriatos" anónimos de diferentes tamaños para acoplarse al sistema del shekel.

82-72 a.C.- Las acuñaciones durante las guerras sertorianas, ordenadas por los partidarios del dictador Sila: C. Annio Lusco y Q. Cecilio Metelo, en cecas desconocidas.

49-45 a.C.- Las emisiones durante la guerra civil entre César y Pompeyo, tanto por Pompeyo y sus hijos, seguramente desde la Colonia Patricia (Córdoba), como por su vencedor Julio César desde ceca/s desconocida/s.

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Generalidades de las acuñaciones
en la época Pre-Imperial e Imperial Romana
(Imperiales o Provinciales entre el 44 a.C. y el 54 d.C.)

Las cecas feno-púnicas, ibéricas e indoeuropeas existentes en la península, se fueron romanizando durante los dos siglos que duró la conquista, emitiendo series de monedas "mixtas" con motivos indígenas y leyenda latina o viceversa, pero la mayoría cesó su amonedación a mediados del siglo I a.C. A las escasas cecas que quedaron, se añadirían algunas de las nuevas colonias romanas (Acci, Graccurris, Italica, etc.) que comenzaron a emitir moneda provincial, es decir series hispanorromanas de ámbito local.

En cuanto a la llamada "moneta castrensis" (de carácter más bien imperial), en el año 39 a.C., Cn Domicio Calvino usó la ceca de Bolskan para emitir denarios conmemorativos de su victorias contra la sublevación de los ceretanos y entre los años 27 y 23 a.C. destacan las acuñaciones en bronce que con motivo de las guerras cántabras se realizaron en ceca incierta, posiblemente Emerita, Lucus Augusti o alguna ceca móvil situada en cualquier lugar del N.O. de la península.



La gran mayoría de las acuñaciones Provinciales Romanas (llamadas también Coloniales o Cívicas) en la península Ibérica, se llevaron a cabo entre el periodo comprendido entre Augusto y Calígula, es decir en los comienzos del Imperio (entre los años 27 a.C. y 41 d.C.) y sólo en contadas ocasiones durante Augusto se emitiría moneda imperial propiamente dicha desde las cecas de Emerita, Colonia Patricia o Caesaraugusta.

Después de Calígula tan sólo Ebusus (Ibiza) realizó dos cortas emisiones con Claudio I, por lo que podemos decir que la actividad monetal de Hispania finalizó con el reinado de Calígula, durante los años 39 o 40 d.C.

Las razones de este masivo y temprano cierre de cecas no son conocidas con exactitud, pero se puede presumir que fueran razones políticas. La falta de monetario circulante favoreció la aparición de numerosas imitaciones de las monedas de Claudio.



Durante este siglo de emisiones Romanas en Hispania, se acuñan escasas emisiones imperiales en oro y plata, pero se acuña abundante Ae (ases sobre todo, pero también sus múltiplos y divisores).

Posteriormente, las acuñaciones Imperiales de Galba, Vitelio y Vespasiano en la ceca de Tarraco durante las guerras civiles (68-69 d.C.) y la escasa serie del usurpador Máximo (409-411 d.C.) desde Barcino, constituyen la excepción y son el más notable intento de pervivencia de unas cecas que hasta la llegada de los visigodos no volverían a emitir moneda.

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