¿ES FALSO MI DENARIO?
Guía para la autentificación de las monedas de plata de la Antigüedad

 
INTRODUCCIÓN
 

El coleccionista que pretenda dedicar sus esfuerzos e ilusiones a la moneda antigua se encuentra actualmente ante un problema de gran envergadura que en muchas ocasiones acabará con su afición: las falsificaciones.

Desde que el primer estado acuñó la primera moneda de curso legal, alguien pensó en imitarla para conseguir así el beneficio que ésta reportaba sin el esfuerzo de tener que trabajar para conseguirla. El perjudicado entonces, era el comerciante o trabajador que en pago por sus mercancías o esfuerzos, recibía menos de lo que le correspondía.

Dado que no existía en la antigüedad el papel moneda y las monedas eran metales nobles acuñados, los falsificadores debían preocuparse por hacer copias creíbles que contuvieran solo una pequeña parte del metal que prometían, y en el caso de las piezas de plata de las que tratará esta Guía, esto se conseguía forrando con metal noble un ánima de metal burdo.

Por supuesto, los estados ponían todo su interés en evitar esa práctica, y las leyes eran extremadamente severas para los falsificadores, llegando incluso a ser castigados con la muerte.

Hoy en día, los estados modernos mantienen el mismo celo en protegerse de los falsificadores, y dedican todo tipo de esfuerzos para evitar que nadie sea capaz de reproducir una moneda de curso legal sin pagar por ello. Desgraciadamente para nosotros los coleccionistas, los denarios o las dracmas hace años que dejaron de ser considerados monedas de curso legal, y esos mismos estados han perdido todo interés en castigar a quienes los falsifiquen.

Unido a este hecho, vemos que el coleccionismo de moneda antigua está experimentando en los últimos años (posiblemente potenciado por la aparición de Internet) un gran incremento, y son muchísimos los coleccionistas noveles que deciden iniciarse en este mundo. Como consecuencia de ello, los precios están aumentando y hay muchas personas, a veces con pocos conocimientos, dispuestos a pagarlos.

Los numismáticos profesionales por su parte, y a consecuencia de lo expuesto, han visto incrementarse sus ventas y han apostado por las subastas publicitadas en la Red, lo que da acceso -aun a la numismática más humilde- a compradores de todo el mundo. Esa abundancia de clientela poco informada y la facilidad de venta de muchas de las piezas expuestas, ha traído como consecuencia que los profesionales hayan bajado la guardia ante las falsificaciones, y hoy día podemos ver con desagrado como aun las más prestigiosas numismáticas ponen a la venta por error monedas que no son tales.

Como consecuencia de estos tres factores; la impunidad ante un delito, la falta de atención de muchos profesionales, y la existencia de un mercado abundante y desinformado en el que resulta muy sencillo colar sus productos, muchas personas se han dado cuenta de lo rentable que resulta obtener pequeñas copias de monedas antiguas e intentar colarlas en el mercado numismático mundial. Favorecidos ellos también, tal y como decíamos, por el boom de Internet, las subastas numismáticas masivas y algunos conocidos portales de compra-venta.

Para acabar de complicar el asunto, mientras escribo estas líneas, el precio de la plata es aproximadamente de un euro el gramo; dado que un denario pesa unos tres gramos y el proceso de fabricación de las copias es muy económico, falsificar una de estas monedas le cuesta al falsario unos cinco euros. Pensemos ahora que un denario en buena conservación, aun de los más comunes, alcanzará con facilidad los setenta u ochenta euros. Por último, tomemos conciencia de que cuesta exactamente lo mismo falsificar una moneda de gran rareza por la que se puedan pedir miles de euros y nos haremos una idea de la magnitud del problema.

Ahora bien, ¿qué puede hacer el coleccionista particular ante esta situación? Creo, que de la respuesta a esta pregunta que demos cada uno de nosotros depende nuestro futuro como coleccionistas de moneda antigua, ya que soy de la opinión que sin un cierto grado de autosuficiencia el aficionado está condenado al engaño y, por consiguiente, a la insatisfacción. En efecto, para disfrutar con nuestras colecciones debemos ser capaces de poseer un mínimo de conocimientos que nos permitan ser capaces de discernir entre una moneda auténtica y una falsificación.

Cada uno de nosotros puede realizar esa transición entre la ignorancia y el conocimiento de muchas maneras, pero quiero darte un valioso consejo a este respecto: no pretendas hacer ese viaje solo. Únete a otros, comparte con otros, pregunta a otros.

La Guía que tienes entre tus manos y que estás a punto de empezar a leer, es la materialización de este consejo. Es el ejemplo palpable de que en este mundo de la numismática antigua, la soledad se paga con la ignorancia y el gregarismo se premia con el conocimiento. Desde la primera hasta la última letra, este libro es el fruto de tres años de convivencia en el foro de la web de denarios.org, aprendiendo tanto de los consejos de los maestros, como de las dudas de los aprendices. Créeme, se aprende más en un solo día asimilando la experiencia que otros te ceden generosamente, que en meses de estudio por tu cuenta.

No quiero alargarme más, porque estoy deseando compartir contigo el resultado de este año y medio de esfuerzo ,tan solo me queda pedirte que utilices la Guía como un manual: toma tu moneda, cada una de ellas, y sométela al examen que te propongo. Para acabar, hazle el test rápido de GCA. Aunque al principio te pueda parecer demasiado complejo, verás como en poco tiempo adquieres soltura y empiezas a perder el miedo a las falsificaciones.

Por último un aviso; no soy un experto, soy solo un coleccionista como tú que un buen día decidió que quería pelear antes que abandonar esta bella afición, y aunque uso la tercera persona en todos los capítulos, se trata solo de un recurso estilístico ya que todas y cada una de las opiniones que vierto en este libro son fruto de mi experiencia personal durante estos meses de estudio en los que, gracias a la generosidad de tantos coleccionistas y amigos, he conseguido examinar y fotografiar unas 140 monedas falsas; por lo tanto soy el único responsable de cualquier error que en él aprecies.

Adelante, estamos juntos en esto, ¡plantemos cara a las falsificaciones!

Barcelona, 9 de septiembre de 2011. Carlos Traver Fábrega

 

Prólogo     Primer capítulo