¿ES FALSO MI DENARIO?
Guía para la autentificación de las monedas de plata de la Antigüedad

Capítulo 12
CORROSIONES
 

Entendemos por corrosión a la destrucción paulatina de un metal a consecuencia de los agentes externos, y se entiende fácilmente que el hecho de que afecte o no a una moneda dependerá de su posible contacto con esos agentes.

Su aspecto es variable, pero en general se manifiesta en forma de huecos e irregularidades en la superficie de la moneda, dándole un aspecto típicamente rugoso.

Imagen 12.1.  Corrosión en un dupondio auténtico de Domiciano. Colección GS.

Hay tantos tipos de corrosión como monedas sometidas a ella, y sería del todo absurdo pretender catalogarlas; además, la corrosión no es exclusiva de las monedas auténticas ya que las falsas también pueden presentarla.

Veamos en las siguientes fotografías un ejemplo de corrosión en una moneda auténtica, (imagen superior) y de corrosión en una moneda fundida (imágenes inferiores). Como podemos apreciar, son iguales; y esto es debido a que no cuesta nada provocar algo de corrosión en una moneda falsa.

Imagen 12.2.  Corrosión en un denario auténtico de Gens Afrania. Colección Citrus.

 

Imagen 12.3.  Corrosión en un denario ibérico falso fundido de Baskunes. Colección Futenbla.

Por si no hubiese bastante con la facilidad de provocar corrosión en la superficie de un denario, muchas veces las monedas fundidas, incluso las de muy baja calidad, muestran superficies tan rugosas e irregulares que al ser observadas al microscopio dejan al observador con una gran incertidumbre sobre su autenticidad.

 

Imagen 12.4.  Superficies extremadamente irregulares en un denario falso fundido de muy baja calidad de Octavio (imagen izquierda), Colección Mikalet, y en un denario falso fundido de Baskunes (imagen derecha). Colección Futenbla.

Veámoslo también en este denario de Tiberio, casi con toda seguridad, falso por fundición, pero cuyas deterioradas superficies podrían pertenecer también a un denario auténtico sometido a un elevado grado de corrosión.

 

Imagen 12.5.  ¿Corrosiones en un denario auténtico de Tiberio o fundición de baja calidad?. Colección Siredv.

Aparte de todo lo comentado, los falsificadores cuyas copias presentan una buena calidad, pueden también simular las corrosiones aplicando medios mecánicos o agentes altamente corrosivos en la superficie de la moneda, de forma que pueden acabar su copia en poco tiempo y hacerla más creíble.

Tal y como vemos en estos ejemplos, si bien la apariencia en mano es buena, el microscopio o la lupa ponen rápidamente al descubierto el engaño.

Imagen 12.6.  Corrosión provocada en un denario falso fundido de Adriano. Colección GS.

Imagen 12.7.  Corrosión provocada en un denario falso fundido de Tiberio. Colección GS.

Para concluir este capítulo, podríamos afirmar que la presencia de corrosiones en un denario, no tiene ninguna implicación respecto a su autenticidad; sin embargo, algún tipo de corrosiones provocadas como las que acabamos de ver en los siguientes dos ejemplos, inclinarían la balanza de forma inmediata del lado de la falsedad, por lo que deberíamos ser capaces de reconocerlas.

Además, dado que ya hemos visto lo sencillo que resulta conseguir corrosiones auténticas en un denario falso, estas pueden ser usadas por los falsificadores para ocultar aquellos signos de fundición que de otro modo podrían ser fácilmente detectados. Consideramos este último punto de tal importancia que aconsejamos al coleccionista novel que no coleccione monedas por debajo de un cierto grado de conservación.

En efecto, las monedas con conservaciones inferiores al MBC, ya sea por sus corrosiones o sus desgastes, son extremadamente difíciles de diferenciar de cualquier copia, dado que sus superficies pueden ocultar cualquier signo que haya dejado el falsificador durante su proceso de fabricación. Sea cual sea el poder adquisitivo de un coleccionista, nuestro consejo es que más vale poseer un denario de Alejandro Severo o un bronce bajo-imperial del que podamos estar orgullosos y seguros de su autenticidad, que un denario de Augusto del que siempre tengamos dudas.

 

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