¿ES FALSO MI DENARIO?
Guía para la autentificación de las monedas de plata de la Antigüedad

Capítulo 11
CONCRECIONES Y DEPÓSITOS
 

Los denarios y en general, la mayor parte de las monedas de la antigüedad, incluyen en su composición al menos una pequeña cantidad de cobre. Los denarios, aunque tienen un alto porcentaje de plata, poseen también una parte de este metal, que suele oscilar entre un 1,5% y un 15%, y de hecho, esto ocurre con todas las monedas antiguas de plata.

Así como la plata tiene la facultad de ser muy estable con el paso del tiempo, el cobre reacciona con los elementos que le circundan y suele precipitar en diversos compuestos tales como óxidos, sulfatos, carbonatos, cloratos o acetatos.

No forma parte de nuestro trabajo el profundizar en las reacciones químicas que tienen lugar, pero sí que nos interesa, y mucho, el saber cómo y cuándo empieza este cobre que forma parte de nuestros denarios, a formar determinadas estructuras minerales que nosotros podemos visualizar con nuestro microscopio binocular.

Estos compuestos que afloran de nuestras monedas como consecuencia de la reacción del cobre que se encuentra en ellas con los elementos que las rodean, van a recibir el nombre de CONCRECIONES, ya que son auténticas acumulaciones de partículas en su superficie, que forman desde pequeñas costras hasta auténticos tapices que casi adquieren la apariencia de pátinas.

A tal efecto, cuando hablemos en el capítulo trece de PÁTINAS nos referiremos al matiz o tono que adquieren esas monedas al entrar en contacto con los elementos y transcurrir los años, pero no a los minerales que surgen de ellas como consecuencia de sus reacciones químicas internas.

Cuando hablemos de DEPÓSITOS nos estaremos refiriendo a las sustancias externas que se han depositado sobre ellas como consecuencia de las vicisitudes a las que se han visto sometidas.

A efectos prácticos y en referencia a las concreciones, nosotros nos centraremos en aquellos compuestos que más nos interesan y que son:

  • Cloruros de cobre: Atacamita y Paratacamita.
  • Óxidos de cobre: Cuprita y Tenorita.
  • Carbonatos de cobre: Malaquita y Azurita.
  • Acetatos de cobre: Cardenillo o verdín.

No es nuestro propósito ser exhaustivos en el estudio de estos compuestos químicos, de hecho, muy posiblemente los confundamos al nombrarlos en las fotografías que vamos a ir estudiando juntos.

La química no es una ciencia para aficionados y los compuestos que se forman en la superficie metálica de nuestras monedas están en constante evolución o aparecen mezclados. No importa; lo realmente importante en este capítulo es tomar conciencia de que hay un grupo de concreciones, que nosotros vendremos a llamar "nobles", que tardan mucho tiempo en aparecer sobre nuestras monedas y que, de un solo vistazo, pueden ser capaces de darnos la certeza de hallarnos ante una pieza auténtica.

Dado que hace muchos años que se fabrican falsificaciones de calidad de denarios romanos, podemos dar por supuesto que miles y miles de esas monedas falsas descansan tranquilamente en las bandejas de muchos confiados coleccionistas. Esos denarios empiezan a parecer antiguos (en cierto modo ya lo son) y sus superficies presentan bellas pátinas oscuras de monetario antiguo.

Además, también poseen compuestos de cobre que reaccionan con el medio y desgraciadamente forman también concreciones. A esas otras concreciones vamos a llamarlas "recientes" y su presencia no es garantía de nada en absoluto Afortunadamente su aspecto es distinto, y nuestro propósito en las siguientes páginas es entrenar al ojo inexperto ante los compuestos que hemos visto aparecer en denarios auténticos y los que, por el contrario, aparecen en denarios falsos con algunos años de antigüedad.

Entremos ya de lleno en el estudio de estos compuestos que forman concreciones, y empecemos por los cloruros de cobre, ya que tienen muy poca importancia en el estudio de los denarios y otras piezas de plata puesto que no suelen aparecer en ellas. Solo las piezas con gran contenido en cobre forman concreciones de cloruros de cobre como fruto de la reacción del cobre con los iones de cloro que suelen presentarse en la mayoría de los suelos.

Estos cloruros, tales como la ATACAMITA y la PARATACAMITA, son por sí mismos estables mientras permanecen en determinadas condiciones ambientales, sin embargo en contacto con el agua (la misma humedad del aire si alcanza esta un cierto porcentaje) o el oxígeno, inician un proceso en el que se forma ácido clorhídrico que es extremadamente corrosivo, que destruye la pieza y que recibe el nombre de "cáncer del bronce". Este es su aspecto:

Imagen 11.1.  Cáncer del bronce sobre un as de Vespasiano. Colección GS.

 

Imagen 11.2.  Cáncer del bronce sobre un as de Vespasiano. Colección GS.

Tal y como podemos ver, se trata de una concreción de aspecto pulverulento, verde- azulado, con algunas estructuras cristalinas y que va avanzando en su proceso de degradación de la pieza hasta su total destrucción.

El grupo de los óxidos de cobre es, al contrario que el de los cloruros, el mayor garante de la protección de una moneda antigua, ya que sus compuestos forman una costra muy estable sobre la superficie de las monedas de bronce, protegiéndoles del paso del tiempo y dándoles un bello aspecto.

El óxido cúprico, cuyo mineral se conoce como TENORITA, suele formar una costra marrón sobre las monedas de alto contenido en cobre, y el óxido cuproso, la CUPRITA, suele presentar un aspecto mucho más rojizo.

 

Imagen 11.3.  Óxidos de cobre sobre la superficie de un follis de Constantino. Colección GS.

Imagen 11.4.  Cuprita sobre un pequeño bronce bajo-imperial. Colección GS.

Imagen 11.5.  Cuprita sobre un pequeño bronce bajo-imperial. Colección GS.

Estas concreciones son extremadamente estables, no obstante, cualquier variación en las condiciones ambientales a las que está sometida esa moneda, tales como un aumento de la humedad, pueden hacer que se inicie un proceso de formación de cloruros, mucho más inestables, que acabarán con la moneda.

En la siguiente secuencia de imágenes correspondientes a un bellísimo dupondio de Domiciano, podemos ver las diversas fases de desarrollo de carbonatos y cloruros sobre un manto de óxidos de cobre. Con el tiempo y si no se pone remedio, estas sales provocarán la total destrucción de la pieza.

Imagen 11.6.  Distintas fases del inicio de concreciones de carbonatos y cloruros sobre una base
de óxidos de cobre de un dupondio de Domiciano. Estadios inicial, medio y avanzado. Colección GS.

Los carbonatos de cobre también forman concreciones sobre las monedas, de color verde en el caso de la MALAQUITA y azul, en el caso de la AZURITA.

 

Imagen 11.7.  Malaquita (izquierda) y azurita (derecha) sobre una piedra con alto contenido en cobre. Colección GS.

Imagen 11.8.  Concreciones de malaquita surgiendo de un bronce bajo-imperial. Colección GS.

Imagen 11.9.  Espectaculares concreciones de malaquita sobre la superficie de un bronce bajo-imperial. Colección GS.

Los acetatos de cobre como el CARDENILLO, VERDÍN o VERDIGRÍS, forman también concreciones de color verde o verde- azulado sobre cualquier superficie que contenga cobre y esté sometida a determinadas condiciones ambientales:

Imagen 11.10.  Verdín sobre un sestercio de Maximino. Colección GS.

Como hemos podido ir viendo hasta ahora, los componentes de cobre de nuestras monedas tienen la tendencia a volver a su estado original y poco a poco, de una manera u otra, van degradándose. De alguna manera, y desde un punto de vista químico, nuestras monedas están vivas, y para descubrir esa viveza solo hay que iluminarlas con el microscopio y dejarse sorprender.

Imagen 11.11.  Bronce bajo-imperial con concreciones de azurita y malaquita.
Un regalo para la vista y un certificado de autenticidad en toda regla. Colección GS.

Llegados a este punto parémonos un momento y hagamos juntos una reflexión; si los compuestos que acabamos de estudiar tardan muchas décadas en formarse, su hallazgo será siempre un certificado de garantía para nuestras monedas, pero si algunos de ellos pueden formarse en poco tiempo, su estudio no nos habrá servido de nada.

Como nos ha venido ocurriendo desde que empezamos a plantearnos esta Guía, hemos de tomar conciencia de que existen muy pocas evidencias que nos autentifiquen en el acto una moneda, y por lo tanto nos movemos siempre en el cálculo de probabilidades, tal y como veremos en el último capítulo al hablar del GCA (Grado de Certeza de Autenticidad). Sin embargo, como comentábamos al dar inicio a este punto del examen, hay varios tipos de concreciones, y basándonos en nuestra experiencia hay algunas que tardan muchísimos años en formarse y jamás las hemos visto en denarios falsos, y otras que, sin embargo, son capaces de surgir en pocas semanas… o de manera inmediata.

A lo largo de las siguientes páginas vamos a intentar que nuestros ojos se acostumbren a distinguir al binocular los dos tipos de depósitos de los que hablábamos; los "nobles", entendiendo por tales los que están claramente arraigados a la moneda, forman estructuras minerales de una cierta complejidad, tardan muchos años en florecer y únicamente los hemos detectado en monedas auténticas, y los "recientes", que serán obviamente los que hemos podido ver sobre monedas falsas con una cierta antigüedad. Son distintos de los anteriores por estar menos arraigados, son más superficiales y suelen tener aspecto verdoso.

Dicho de otro modo: una concreción puede no significar nada o significarlo todo, y de nuestra habilidad para reconocerla, dependerá resolver o no esta disyuntiva.

Recordemos también que los denarios y las monedas de plata en general, que son el objeto de nuestro estudio, tienen un contenido en cobre bajísimo, y la plata, su principal componente, es muy estable, de modo que las concreciones serán muchísimo más raras que en las monedas de cobre y aparecerán únicamente en pequeñas áreas de su superficie, como consecuencia de la reacción del poco cobre que contienen con otros elementos. No olvidemos que, además, los denarios que han sido fruto de hallazgos, frecuentemente han sido sometidos a un exhaustivo proceso de limpieza donde suele desaparecer todo resto de concreción, depósito o pátina.

Veamos ahora una colección de imágenes de concreciones "nobles" halladas en denarios auténticos:

Imagen 11.12.  Concreciones de cuprita y malaquita sobre un denario auténtico de Alejandro Severo. Colección GS.

Imagen 11.13.  Floración de malaquita sobre un denario de Alejandro Severo. Colección GS.

Pequeños pero felices hallazgos en un denario de Nerón que estaba bajo sospecha por haber sido clonados otros del mismo cuño; concreciones "nobles" de cuprita en el anverso y curiosamente, en una zona del canto, donde debemos buscarlas cuidadosamente en todos nuestros exámenes.

Certificado de autenticidad en toda regla:

 

Imagen 11.14.  Las dos fotografías corresponden a dos concreciones de cuprita sobre un denario auténtico de Nerón. Colección GS.

De nuevo un pequeño grupo de concreciones de cuprita emerge del anverso de un denario auténtico de Geta:

Imagen 11.15.  Floración de cuprita sobre un denario de Geta. Colección GS.

 

Imagen 11.16.  Bellos depósitos de cuprita en dos zonas del canto de un denario de Maximino. Colección GS.

Las siguientes imágenes corresponden a un denario de Macrino adquirido a pesar de los extraños depósitos que afeaban algo su reverso, y que mostramos dentro del rectángulo. En ese momento se percibían como un defecto esas "imperfecciones" sobre una pieza tan hermosa:

Imagen 11.17.  Denario de Macrino, cuyo reverso muestra concreciones o depósitos. Colección GS.

Sin embargo, al mirar la pieza al binocular nos encontramos con varias sorpresas: cuprita justo en la "M" del reverso…

Imagen 11.18.  Detalle de una gran floración de cuprita sobre un denario auténtico de Macrino. Colección GS.

… azurita entre los pliegues del vestido del emperador sentado sobre su silla curul…

Imagen 11.19.  Concreciones de azurita sobre un denario de Macrino. Colección GS.

… y una combinación de ambas sobre su figura; un trío de ases que son garantía absoluta de autenticidad.

Imagen 11.20.  Cuprita y azurita en un denario de Macrino. Colección GS.

Por lo tanto, y con las reservas que acabamos de mencionar, debemos considerar la aparición de concreciones sobre nuestros denarios siempre como una buena noticia. Tal vez su presencia estropee un poco la inmaculada superficie de su plata pero ¿puede realmente afear una moneda algo que nos aporta tantas pruebas sobre su autenticidad? La respuesta para nosotros es obvia: no, de ninguna manera.

Ahora llega el turno de las concreciones "recientes", y recordemos que con ese término hacíamos referencia a aquellos compuestos químicos que eran capaces de aparecer en las monedas en un periodo de tiempo relativamente corto, y precisamente por eso, su valor como sistema de autentificación de una pieza es nulo, ya que las monedas falsas también pueden lucirlas.

Empecemos con un poco de humor; con aquella concreción que se forma tan rápidamente que solo tarda unos segundos en aparecer. Para este ejemplo nos valdremos de uno de nuestros denarios de Maximino (falso, por cierto), y que fotografiamos en un detalle de su anverso:

Imagen 11.21.  Detalle de un denario falso fundido de Maximino. Colección GS.

Como vemos, está libre de concreciones y no presenta ningún mineral sobre su superficie. Ahora, como felizmente disponemos de una cañería que gotea y está recubierta de un depósito de color verdoso, nos acercamos a ella con un palillo y depositamos parte de ese producto sobre la superficie del denario:

Imagen 11.22.  Detalle de un denario falso de Maximino con verdín añadido. Colección GS.

No mentíamos, hay concreciones que solo tardan segundos en aparecer.

Aprovechemos la broma y usemos la experiencia para fijar en nuestra memoria lo que acabamos de ver, y que nunca nos puedan engañar mediante una concreción superpuesta en una de nuestras monedas, (en realidad no se trataría de una verdadera concreción, sino de un depósito que simularía dicha concreción).

Fijémonos que este material está suelto y se aprecia perfectamente que no surge de la propia moneda, un ligero y delicado roce con un palillo de madera modificaría su aspecto.

Nada que ver con una auténtica concreción como la que mostramos en la imagen inferior, donde la costra, de un color típicamente verde-esmeralda parece aflorar desde la moneda:

Imagen 11.23.  Concreción de malaquita surgiendo de un denario auténtico de Domiciano. Colección Tito Labieno.

Y ahora echemos un vistazo a monedas falsas con pequeñas concreciones recientes:

Imagen 11.24.  Concreción verdosa sobre una moneda falsa de bronce con muchos años en colecciones antiguas. Colección Mapila.

Imagen 11.25.  Pequeña concreción verde sobre un denario republicano falso. Colección Siredv.

Imagen 11.26.  Pequeña concreción reciente sobre un denario falso de Alejandro Severo. Colección GS.

Imagen 11.27.  Concreciones sobre un denario falso de Cómodo con muchos años de antigüedad en diversas colecciones. Colección GS.

Como vemos, dichas concreciones son siempre de color verde y su aspecto es muy diferente de las que hemos podido ver en los denarios auténticos. Además, de todas las monedas falsas recogidas para hacer este estudio, solo en estos pocos casos han aparecido estas pequeñas costras, lo que nos da una idea de la garantía que supone el hallazgo de las concreciones en uno de nuestros denarios.

Sin embargo, los falsificadores no son tontos y saben esto tan bien como nosotros. Por ello intentan por diversos medios imitar esas concreciones mediante la aplicación de diversas sustancias o tintes. Aunque a simple vista el aspecto de estas monedas pueda resultar convincente, difícilmente van a soportar estos engaños un examen con la lupa o el microscopio binocular.

En las dos fotografías inferiores correspondientes a un follis falso, apreciamos con claridad cómo se ha intentado mediante diversos cristalitos de colores mezclados con tierra, proporcionar una apariencia similar a la de las auténticas concreciones, imitando tanto a la cuprita como la malaquita:

 

Imagen 11.28.  Falsas concreciones en un falso follis de Valerio Valente. Colección Mapila.

E incluso, en un alarde de sofisticación, vemos cómo el falsificador ha añadido también pequeños pegotes de algún producto azul para simular la azurita:

Imagen 11.29.  Concreciones sobre un denario falso de Cómodo
con muchos años de antigüedad en diversas colecciones. Colección GS.

Afortunadamente para los amantes de los denarios, la plata ofrece muchísimas menos posibilidades de ser retocada de forma convincente que cualquier moneda de bronce, tal y como podemos ver en los siguientes intentos de imitación de concreciones sobre denarios.

 

Imagen 11.30.  Pinturas imitando concreciones de cuprita y malaquita
en un denario acuñado falso de Geta. Colección Mapila.

Dos ejemplos más, en este caso simulando cuprita mediante algún tipo de oxidación y un tercero, con algún material depositado en el canto:

 

Imagen 11.31.  A la izquierda, un falso bronce griego con una oxidación imitando cuprita. Col. Mapila.
A la derecha, oxidaciones sobre un denario falso de Cómodo. Colección GS.

Imagen 11.32.  Alguna sustancia marrón depositada sobre el canto de un falso as de Antonino Pio. Colección GS.

Y por último, probablemente obtenidas mediante la adición de algún producto químico, unas extrañas "concreciones" en una moneda falsa de bronce:

 

Imagen 11.33.  Bronce griego falso. Colección Mapila.

Para acabar, y con una importancia mucho menor en el proceso de autentificación de un denario, hagamos un pequeño recorrido por los DEPÓSITOS, que como habíamos dicho son aquellas sustancias externas que se han depositado sobre las monedas como consecuencia de las vicisitudes a las que se han visto sometidas.

El más frecuente de esos depósitos es la tierra, ya que obviamente la mayoría de las monedas han permanecido en contacto con ella durante largo tiempo. Aquí vemos varios ejemplos:

Imagen 11.34.  Depósitos de tierra en un denario de Domiciano. Colección Tito Labieno.

La tierra también puede embellecer determinadas monedas al hacer realzar sus perfiles, como ha ocurrido en esta moneda hebrea y en un modesto bronce bajo-imperial (figuras inferiores), y de hecho, en muchas ocasiones es añadida con ese mismo fin.

Imagen 11.35.  Las dos fotografías superiores muestran depósitos de tierra sobre un prutah auténtico de Herodes Agripa I, lejos de afearlo, resaltan sus relieves, por lo que muchas veces son añadidos expresamente. Colección GS.

Imagen 11.36.  Pequeño bronce de Constancio II, auténtico, en el que la tierra
ha hecho emerger a dos soldados custodiando un estandarte. Colección GS.

Otro tipo de depósitos son los que provienen de raíces de plantas o micelios de hongos, como en el caso de este follis de Claudio II.

 

Imagen 11.37.  Depósitos de raíces o micelios sobre un follis de Claudio II. Colección GS.

O los debidos a sustancias indefinidas (suciedad), como en el caso de este denario auténtico de Adriano:

Imagen 11.38.  Depósito de suciedad sobre un denario auténtico de Adriano. Colección Citrus.

Para concluir este capítulo, podemos afirmar que el hallazgo de concreciones "nobles" en la moneda que estamos estudiando, supone prácticamente la inmediata garantía de su autenticidad, sin embargo, no ocurre lo mismo con los depósitos, ya que cualquier tipo de depósito es sencillo de simular en una moneda falsa y por lo tanto su interés es escaso para nosotros. Su presencia no aportará demasiado ni a favor ni en contra de su autentificación.

Aún así, bueno es que los conozcamos, que sepamos distinguirlos de las concreciones y que seamos capaces de ubicarlos en el engranaje que nos ha de llevar hasta la autentificación de una determinada moneda.

 

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