Décimo Celio Calvino Balbino,
descendiente de una familia muy ilustre, nació en el año 178 d.C.
Ejerció
el cargo de gobernador en varias provincias con gran sentido de la justicia
y magnánima administración, siendo promovido a Cónsul por dos veces.
De
naturaleza pacífica, versado en medicina y poesía, su gran fortuna le
hubiera permitido vivir una vejez regalada pero cuando llego a Roma la
noticia de la muerte de los dos Gordianos y además, que Maximino se
dirigía hacia Italia al frente de un poderoso ejército, el Senado
-aterrorizado- se reunió con toda urgencia en el templo de Júpiter y el día
9 de Julio del año 238 d.C., nombró dos nuevos Augustos en las
personas de Décimo Balbino y Máximo Pupieno a título totalmente paritario
y ambos con la dignidad de "Pontifex Maximus".
Maximino
regresó de sus campañas en la Panonia (región europea que
actualmente es Hungría) e intentó sofocar rápidamente
la rebelión, marchando hacia Roma. Su ejército
cruzó los Alpes sitiando Aquileia, al noreste de Italia. La ciudad resistió
varios meses de asedio y finalmente, tanto él como su hijo Máximo
fueron asesinados por sus propios soldados en el año
238, al este de Venecia, en Aquilea.
Ambos
emperadores se dedicaron entonces a sus tareas de administración conjunta
que desempeñaron de una forma cabal, desinteresada y eficaz.
Desgraciadamente, esta buena marcha de los asuntos públicos no duró mucho
tiempo, los pretorianos, disgustados porque se estaban tomando medidas para
restaurar la disciplina militar, aprovecharon que la atención pública
estaba centrada en unos juegos capitolinos que se estaban celebrando, para
irrumpir en el palacio imperial y asesinar bárbaramente a los dos
emperadores.
Así
acabó, a los tres meses de su comienzo, la soberanía imperial de estos dos
hombres ilustres, dignos de mejor suerte.