LAS CASAS DE MONEDA  ESPAÑOLAS EN AMÉRICA DEL SUR

 

II.- El XVII: un siglo en crisis

 


Moneda de 8 reales, ceca del Nuevo Reino

 

Las cecas de Cartagena y Bogotá

 

 

         Ya en 1565, por el perjuicio que la falta de moneda acuñada significaba al comercio, la recaudación de tributos y la vida en general del Nuevo Reino, Felipe II había autorizado la fundación de una ceca en Santa Fe de Bogotá la cual por razones circunstanciales y similares a las aducidas para las demoras ocurridas en Lima, no llegó a funcionar aun cuando se habían remitido los troqueles y herramientas.  Fue mediante una Real Cédula dada en Madrid  el primero de abril de 1620, cuando Felipe III mandó fundar una casa de moneda en Bogotá para acuñar monedas de oro, plata y vellón rico; y una oficina en el puerto de Cartagena autorizada sólo para fabricar piezas de vellón rico que debían ser usadas, al igual que las similares santafereñas, para el comercio menudo.  Mientras que la ley y la talla que debían llevar las monedas de metales finos se ajustaban a las usadas en los reinos de España, es decir de once dineros cuatro granos con una talla de sesenta y siete reales por marco las de plata; y  veintidós quilates con sesenta y ocho escudos por marco las de oro, las piezas de vellón rico serían según la cédula de autorización, de 20 por ciento de plata y 80 por ciento de cobre con una talla de 25 reales por marco.

 

         Una de las limitaciones que se impusieron a Turrillo de Yebra y que perduraría en la ceca de Santa Fe hasta el siglo XVII, fue que las piezas de oro sólo podrían acuñarse en los valores de uno y dos escudos, llamados también doblones.

 

         La oficina de Cartagena para acuñar vellón rico fue de corta y agitada duración.  Turrillo de Yebra había recibido autorización para acuñar sesenta mil ducados de la mencionada moneda, pero la reacción de la población encabezada por Sancho Girón, gobernador y capitán general de la provincia fue tan enérgica que ni aun las ordenes reales lograron terminar con el enfrentamiento por lo que luego de mucho batallar Turrillo sólo logro acuñar cinco mil cuatrocientos nueve pesos aunque no se conoce  ninguna de estas piezas en la actualidad.  Los argumentos de Turrillo de que no había pérdida para quienes cambiaban su plata corriente por monedas de vellón rico, aunque  ciertas, no convencías a los comerciantes del activo puerto quienes temían con razón que la mala moneda desplazaría a la buena y perderían las utilidades que representaba el desorden monetario en cuanto a los cálculos de mermas, leyes y otros manejos interesantes que la situación les permitía.  Finalmente se tomaron en cuenta las razones justificadas de los cartageneros sobre la inoperancia de moneda de vellón en América donde abundaban los metales preciosos, y el 24 de agosto de 1626  el rey Felipe III despachó una Real Cédula a Gobernador de Cartagena, Diego de Escobar por la cual dejaba sin efecto la autorización e la moneda de vellón y ordenaba la acuñación de la de plata no así la de oro. Turrillo de Yebra, sin embargo, acuñó hasta 1628 no solamente 58,160 marcos de plata en piezas de dos, cuatro y ocho reales a los que hay que añadir los 87,459 marcos producidos por su teniente José Uribe Salazar,  sino que contraviniendo las indicaciones explícitas de la corona 10,124 marcos en piezas de uno y dos escudos y su teniente otros 15,115 marcos.  Esta desobediencia le significó al fundador de la amonedación colombiana un sonado juicio por acuñación no autorizada en 1654.

 

         Si Cartagena se opuso a la moneda de vellón, Santa Fe lo había hecho desde antes de que se autorizase a Turrillo a establecer la fábrica en el Nuevo Reino por lo cual aun cuando la Real Cédula la permitía, esta no se acuñó en Bogotá.

 

          La ceca bogotana inicial fue establecida por Turrillo y Yebra en una casa de un piso en el mismo lugar en el que se encuentra actualmente el "Museo de la Casa de Moneda" y que corresponde al antiguo local que, con modificaciones,  albergó a la fábrica de moneda hasta tiempos recientes.

 

          Las operaciones de la ceca se iniciaron en abril de 1627.  El libro de Registro de Actas de la Casa de Moneda de Santa Fe se inicia indicando:

 

"Libro de Estacio Sanguinol Rangel escrivano del Rey mío Señor y de su Real casa de moneda de la ciudad de Santa  Fe del Nuevo Reyno de Granada de las yndias que se comenzó a treinta de abril de mil y seiscientos y veinte y siete años siendo tesorero della el capitán Alonso Turrillo de Yebra." [1]

  

            Los primeros oficiales de la ceca fueron: El Capitán Alonso Turrillo y Yebra como Tesorero propietario, el cual por sus múltiples viajes y ocupaciones, entre ellas gobernador de Antioquia, se vio forzado a ejercer el oficio a través de sus tenientes Iñigo de Alvis y Martín de Arbustante; contador fue Juan de Sologuren; ensayador: Miguel Pinto Camargo; el fiel de balanza, Francisco Sánchez Oliva; el escribano Eustacio Sanguinol Rangel; el alcalde Juan de Rojas.  Contaba también con un oficial de hornaza, dos acuñadores, un alguacil, un herrero, un fundidor y cuatro peones de hornaza. [2]

 

         Era, sin embargo, la ceca un establecimiento muy rústico: "una herrería con hornos de fundir y afinar" la llama Barriga Villalba, el estudioso más acucioso de este establecimiento, al punto que, según nos cuenta el mismo autor, a los pocos días se presentó un problema de marcos faltantes ocasionado por la práctica de llevar los rieles de plata a cortar a una herrería vecina. [3]

 

         La producción de plata en el Nuevo Reino era prácticamente nula por lo que se recurría a plata de chafalonería, a monedas febles traídas de otros lugares y a la plata que resultaba de la afinación de oro.  Por este motivo la producción de plata será siempre reducida en la ceca santafereña y hoy día estas piezas son rarezas en cualquier colección.

 

         La primera rendición de monedas de  plata se acuñaron en Santa Fe en los primeros días de junio de 1627, y el seis de ese mes se contó y entregó al mercader Martín de Verganzo Gamboa el resultado en moneda de los 267 marcos 2 onzas de plata que había entregado a la ceca para ese fin.  Los primeros cuartillos salieron recién el 4 de diciembre siguiente.  Días más tarde, el 15 de diciembre de 1627 se acuñaron las primeras piezas de oro de escudo y doblón.  Las siglas de la ceca fueron siempre las "NR" en letras separadas o en monograma, y las iniciales de ensayador de los primeros tiempos corresponden a la "P" de Miguel Pinto Camargo y la "A" de su sucesor Alonso de Anucibay. [4]

 

         A la prematura muerte de Turrillo en Cartagena siguió en la tesorería su teniente el capitán Arbustante hasta que el 14 de diciembre de 1637  fue nombrado en calidad de tesorero interino Antonio de Vergara Azcárate y Dávila, sobrino de la esposa de Turrillo y Yebra, quien prestó el debido juramento y tomo posesión de la tesorería de manos del presidente del Nuevo Reino de Granada cuatro días más tarde.

 

         Con el tiempo en 1644 Vergara inició gestiones para adquirir la tesorería de las Casas de Moneda en propiedad. Como era habitual en estos casos hubo largas demoras, a lo que se sumó una serie de acusaciones que, tras minuciosa investigación, se probaron falsas. Sin duda la sentencia exculpatoria dictada el 20 de abril de 1645 pesó en el real ánimo pues con cédula real  fechada en Madrid el 20 de setiembre de 1647,  Felipe IV entregó la tesorería en propiedad a Vergara y Azcárate.

 

         Le tocó a Vergara y Azcárate lidiar con el delicado problema de la moneda fraudulenta de Potosí, llamada "Rochuna" por la responsabilidad que en su falsificación tuvo el ex alcalde y mercader de plata de la Villa Imperial de Potosí,  Francisco Gómez de la Rocha, y de la cual así como de sus nefastos efectos se trata en extenso en el capítulo dedicado a esa época de la ceca alto peruana.  En Santa Fe se comenzó a reacuñar la mala moneda potosina a partir de 1651 siguiendo la pragmática de su Majestad del 22 de diciembre de 1650.

 

         Una de las consideraciones que se debía tener en la fabricación de la nueva moneda era, como se ha visto en las otras cecas, la modificación de los cuños. Se abandonó el viejo modelo de los Escudos Coronados de Dominios en los que se incluían todas las posesiones del emperador Carlos V y se adoptaron las Columnas de Hércules con la inscripción "Plus Ultra" de un lado y el escudo cuartelado de Castilla y León  por el otro. Las piezas del Nuevo Reino llevan en la punta del escudo la Granada. Se insistió también en que los cuños debían ser claros y que la fecha, la marca de la ceca y la inicial del ensayador estuviesen en lugares visibles.

 

         En cuanto a la acuñación de oro, durante todo el período en el que la fábrica santafereña estuvo en manos de tesoreros particulares, se acuñaron sólo piezas de uno y dos escudos, los cuños de los cuales, por no haber habido acuñación de oro en Potosí, pudieron mantenerse sin variación.

 

         Un curioso incidente ocurrido en 1667 fue causa de la primera huelga ocurrida en una ceca americana y estuvo a punto de producir una catástrofe económica.  Olvidando que desde el establecimiento de la ceca por Turrillo y Yebra se había dispuesto que el derecho de señoreaje sirviera para mejorar los sueldos de los ministros y oficiales en consideración de los altos costos que en el Nuevo Reino tenían las subsistencias,  un visitador de la ceca doctor Juan Cornejo consideró que se había cometido un delito y  que debía pagarse en Santa Fe igual que en las cecas peninsulares.  Sin revisar antecedentes la reina Mariana de Austria, regenta de España, expidió una real cédula en Madrid el primer día de junio de 1667 indicando como debía cumplirse la aplicación de los derechos de la labor de los metales en el Nuevo Reino.

 

         Los empleados de la ceca afectados con la Real Cédula, tan pronto tomaron conocimiento de esta, suspendieron su trabajo argumentando que con el nuevo ordenamiento no podían mantenerse a si mismos ni a sus familias.  La fábrica, ante la actitud tomada por su personal, tuvo que apagar sus hornos y suspender la producción de moneda.  Los resultados fueron lo que se esperaban.  Sin moneda el comercio colapsó y poco tiempo después tanto comerciantes como autoridades locales reclamaron vivamente a las peninsulares y el 14 de mayo de 1668 el cabildo exigió la inaplicación de la orden y la continuación de la amonedación en las condiciones acostumbradas.


         La presión y los argumentos sólidos esgrimidos en defensa de la ceca y sus empleados consiguió que el presidente del Nuevo Reino, Diego de Villalba y Toledo suspendiese la Real Orden mientras se hacían las consultas y se tomaba una decisión definitiva.

 

         Un nuevo problema para el segundo tesorero de la ceca, Vergara y Azcárate se presentó cuando Domingo López  Guerrero Marroquín, contador del Tribunal de Cuentas lo acusó ante el rey, en carta del 18 de setiembre de 1672, de no haberse cobrado adecuadamente los quintos del oro que se labraba en la ceca.  Aunque en carta posterior de Marroquín, que no pudo firmar por estar en su lecho de muerte se levantaban los cargos, de España enviaron una Cédula Secreta para que se procediese a una averiguación de los fraudes supuestamente cometidos.  El tesorero sufrió embargo de bienes, alejamiento de la ciudad y otras vejaciones hasta que el 23 de noviembre de 1677 se le absolvió de todos los cargos y se le restituyo  como tesorero de la ceca.  Su honra quedo limpia y sus méritos fueron reconocidos, muriendo años después mientras ocupaba el cargo de gobernador de Venezuela.

 

         Los múltiples encargos que recibió Antonio de Vergara y Azcárate, entre los que destacan la defensa de Cartagena, la Capitanía General de Mérida y la gobernación de Venezuela, obligaron al tesorero a cumplir su función en la casa de moneda por medio de cinco tenientes que fueron: Vicente Cabueñas de Valderas; Jerónimo Berrío y Caycedo; Francisco de Venegas y Otárola; Juan de Bernabeu y Mancilla y; Fernando de Olmos y Benero. Bernabeu y Mancilla fue quien quedó encargado de la Casa de Moneda tras la Muerte de Vergara y Azcárate y lo desempeñó hasta el 22 de agosto de 1684. [5]

 

         A la muerte de Vergara y tras el incumplimiento de Diego Antonio Valenzuela y Fajardo, quien obtuvo la tesorería en primera instancia, esta fue otorgada por juro de heredad contra un pago de treinta mil pesos a Joseph Ricaurte por Real Cédula del 20 de julio de 1683. 

 

         La falta de moneda menuda que fue siempre uno de los problemas del movimiento comercial se hizo insoportable en el virreinato del Nuevo Reino en 1690 por lo que el gobernador general Diego de Villalba y Toledo mandó fundir las barras de plata fina que existían en todas las Cajas Reales y convertirlas en monedas de cuartillos y medios reales.  Una vez hecha la acuñación se procedió al canje por “moneda gruesa” a quienes se acercaban a la fabrica con ese fin.

 

         En 1695 José Salvador de Ricaurte sucedió a su padre en la tesorería, como estaba estipulado en el nombramiento,  y ocupó el cargo hasta 1743.  En 1718 el gaditano José Prieto y Salazar, yerno de José Salvador Ricaurte, con el fin mantener los derechos de la ceca en manos de la familia, pactó con la corona un pago de 85,000 pesos de plata a cambio del oficio de Tesorero de la Casa de Moneda de Santa Fe de Bogotá a perpetuidad para él y sus herederos, efectivo una vez fallecido Ricaurte.  Prieto hubo de esperar un cuarto de siglo para hacerse cargo de la ceca y cuando lo pudo hacer su quebrantada salud hizo que no quedase ningún documento firmado por él.  El 31 de mayo de 1743, tras la muerte de José Prieto, asumió el cargo su hijo Tomás Prieto, quien casi desde el comienzo de su gestión tuvo que enfrentar problemas.  En 1748 se le acusó de no proceder correctamente ya que algunas boletas de compra de oro no habían  sido pagadas, entre ellas alguna de la Real Hacienda, por lo que fue detenido en la misma ceca y se le confiscaron bienes.  Tomás Prieto no tuvo ningún problema para cubrir los pagos de la Real Hacienda y de los particulares, aduciendo además que la falta de pago no se debía a dolo sino a la demora en la fundición.   El juicio interpuesto  por la madre del tesorero contra el rey por el despojo del cargo fue, según nos indica Barriga Villalba, lo que decidió al soberano por la incorporación de las casas de moneda América a la Corona.  Al final de largo juicio la familia, el 8 de julio de 1769 una Real Cédula dispuso que la familia debía recibir, en calidad de intereses por el pago de los 85,000 pesos pagados a la corona por el cargo.  De ese monto 2000 eran para la familia del tesorero y la diferencia para  los acreedores. 

 

         Tan pronto se inició el juicio a Tomas Prieto, se ordenó la reanudación de las labores de la ceca para lo cual se nombró como tesorero administrador interino de la fábrica a Manuel de Porras con un sueldo anual de 2000 pesos. Porras tomó posesión el 30 de diciembre de 1748 y permaneció en el cargo hasta el 30 de julio de 1753. [6]

  

 

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[1].- Barriga Villalba, A.M. Historia de la Casa de Moneda.  Tomo I p. 44ss. Bogotá, 1969. cita trascripción  del "Archivo Colonial. Volumen 1.  Libro N° 1.

[2].- Eran: Oficial de hornaza: Diego de Dueñas; Acuñadores: Francisco Antonio Pabón y Pedro González Baquero; Alguacil: Francisco Almaguer; fundidor: Francisco Antonio y el herrero Blas Sedano. 

[3].- Barriga Villalba. Ob. cit. T.I. p.40.

[4].- Miguel Pinto Camargo se desempeñó como ensayador desde  abril de 1627 hasta abril de 1632 y  Alonzo de Anuncibay desde marzo de 1632 hasta junio de 1637.

[5].- Barriga Villalba, A.M. Ob. Cit. Tomo I. p.91-92.  Los nombres van acompañados de información sobre los períodos en que ocupó cada uno el cargo de teniente de tesorero.

[6].- Ibid p.135.