LAS CASAS DE MONEDA  ESPAÑOLAS EN AMÉRICA DEL SUR

 

Introducción

 

         A la llegada de los invasores europeos a la América Meridional no existía aquí la moneda.  Mucho se ha hablado del uso de hojas de coca y conchas de "spondilus princeps" en el antiguo Perú, de esmeraldas y sal en Colombia y de unas hachitas de cobre en las regiones costeras de lo que es hoy Ecuador y el norte peruano, pero hasta que punto se puede considerar a estos objetos que pudieron haber servido para intercambios limitados como moneda ya es cosa de especulación.  En el caso centro andino al menos la evidencia es bastante sólida según los estudios del Dr. Franklin Pease para descartar  esa consideración. 

 

         La economía centro andina se basaba en un peculiar sistema regido por la reciprocidad, la redistribución de bienes y el uso organizado de diferentes pisos ecológicos.  Los grupos humanos básicos eran los Ayllus, siempre divididos en dos parcialidades: Hurin y Hanan.  Las dos mitades se complementaban la una a la otra dentro del concepto  que llamaban "yanantin"  que graficaban con las manos: iguales pero opuestas.  Así eran Yanantin el día y la noche, el cielo y la tierra; el hombre y la mujer.

 

         Los Ayllus eran autosuficientes. Se repartían tanto las tareas como los campos y los tiempos de trabajo.  La redistribución andina permitía que hubiese una homologación de los bienes y productos dentro del Ayllu, y la reciprocidad exigía una constante relación de apoyo mutuo entre todos los miembros de la familia ampliada, que se traducía en ayuda para el laboreo de los campos y construir viviendas así como para cualquier otra actividad conjunta necesaria para el bien del grupo fuese esta interna o con la autoridad tanto política como religiosa.  La Mita, institución que significa "tiempos de trabajo" y que fue mal aplicada en tiempos coloniales para ventaja única de los invasores, en tiempos prehispánicos era una forma propia del Ayllu para que cada miembro de éste dedicase cierto tiempo a trabajos alejados del núcleo principal a fin de poder contar con recursos diversificados procedentes de pisos ecológicos distintos y lograr un control vertical tan importante para una economía asentada en los Andes.

 

         El mundo andino por lo tanto carecía de formas monetarias o incluso premonetarias por cuanto no existía una utilidad para ellas  y si los Spondilus o las hachitas pudieron haber hecho pensar a algunos investigadores que estaban ante formas premonetarias lo más posible es que se trate una vez más en una lectura errónea de las crónicas, las cuales al fin y al cabo no son sino el reflejo de una realidad desconocida vista a través de los ojos de europeos cargados de un bagaje cultural y unas categorías diferentes que se agravaban aún más en los primeros tiempos por el desconocimiento de los idiomas nativos. [1]

 

         La conquista europea del territorio andino significó para los pueblos que lo habitaban un cambio total en sus formas de vida.  No solamente los dioses perdieron su divinidad y los jefes su poder, sino que cada aspecto de la vida cambió de sentido.  En el aspecto económico el hombre y la mujer andina vieron suplantados sus sistemas tradicionales de reciprocidad y redistribución por una economía monetaria que daba prioridad a la obtención, a cualquier precio, de los metales preciosos y en el cual todo se evaluaba: productos, bienes y servicios, por medio de la moneda.

 

         Durante los primeros años de ocupación hispana en la América Meridional no existían monedas acuñadas con las cuales realizar las transacciones por lo que los intercambios se regulaban con monedas de cuenta, basadas  en equivalentes a las existentes en la península y realizadas por medio de trozos de metal.

 

         En el caso peruano las crónicas iniciales y la documentación oficial nos hablan de tres monedas de cuenta usadas por los españoles en sus transacciones y como metrología para conocer los montos de los tesoros capturados.  Estas son el Castellano; el Peso de Oro y el Ducado.  Las dos primeras son iguales y equivalen a la cincuentava parte de un marco de Castilla que, por tratarse de oro de 22  1/2  quilates, tenían un total de 450 maravedís.  La otra moneda, el Ducado tenía menor peso y su valor era de 375 maravedís.

 

         Los relatos de época cuentan que los pagos en los primeros tiempos de la conquista se hacían con trozos de metal o con barras fundidas.  Algunas veces estas relaciones tempranas mencionan que ante la abundancia de riquezas en que vivían los conquistadores, no prestaban estos mucha atención a maravedís más o maravedís menos.  El cronista Francisco de Jerez  en su "Verdadera Relación de la Conquista del Perú", nos ha dejado un esclarecedor párrafo sobre lo mencionado arriba:

 

"Muchas cosas había que decir de los crecientes precios a que se han vendido todas las cosas, y de lo poco en que era tenido el oro y la plata.  La cosa llegó a que si uno debía a otro algo le daba de un pedazo de oro a bulto sin lo pesar, y aunque le diese el doble de lo que le debía, no se le daba nada, y de casa en casa andan los que debían con un indio cargado de oro buscando a los acreedores para pagar lo que debían." [2]

 

         Alejandro Garland en su trabajo sobre Los medios circulantes usados en el Perú  comenta que en vista que eran comunes en España los pesos de ocho tomines se hicieron en el Perú discos de plata con un peso aproximado a los ocho tomines y en ellos se estampó una cruz a cada lado.  Estas piezas circulaban con el valor de 13 reales y ocho maravedís lo que es igual a 450 maravedís, equiparándose así a los Pesos Corrientes de la península.  Garland aclara que a fin de terminar con los abusos que se hacían por inescrupulosos que reducían la ley de los discos, se procedió a indicar en ellos el peso y la ley con lo que vinieron a ser conocidos como "Pesos Ensayados". [3] 

 

         El cronista Diego Fernández, llamado El Palentino, nos ha dejado una curiosa anotación que nos informa que durante la "gran rebelión" de Gonzalo Pizarro contra el rey, recurrió a la fabricación de unos tejuelos para pagar a su tropa, y que en estos tejuelos hizo estampar las iniciales J. C. entrelazadas.  Al parecer por la premura las barritas de plata no fueron ensayadas lo que podría despertar suspicacias en algunos y el rechazo en muchos por lo que el "Gran Gonzalo" a fin de evitar esas eventualidades:

 

"…pregonó que so pena de muerte todos recibiesen por plata fina la que tuviese esa marca, sin ensayo ni otra diligencia alguna, y desta suerte hizo pasar mucha plata de ley baja por fina." [4]

 

         La primera acuñación oficial del Perú, no fue una moneda sino una medalla y esta se realizó con motivo de la Jura de Fidelidad que por la ascensión al trono español de Felipe II, tras la abdicación de su padre el emperador, se celebró en Lima.  La medalla llevaba de una lado el retrato del rey y el de su esposa María de Inglaterra.  De estas piezas no se conoce ni una pero se sabe que luego de haber proclamado el virrey "Castilla, Castilla; Perú, Perú"  procedió con el arzobispo a tomar:

 

"...de una fuente grande de oro cantidad de moneda mandada nuevamente a hacer por el dicho señor visorrey y para el mismo efecto y, que fueron reales de plata,  que en la una parte tenían las armas de  la Corona del Rey de España , y de la otra las figuras de la Magestad real del dicho serenísimo príncipe don Felipe, rey de España y de la serenísima  señora doña María, Reina de Inglaterra, su mujer, con unos letreros a la redonda, por la una parte que decían PHILIPPUS D.G. HISPAN. REX y por  la otra: PHILLIP. ET MARIA D:G. ANG. E. R. HISPAN., y lo derramaron e arrojaron por la dicha plaza." [5]

 

         Estas piezas mencionadas de la Jura de Felipe II fueron probablemente fundidas en la callana de la ciudad al no haber entonces ceca en Lima donde podrían haberlas acuñado.

 

 

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[1].- Pease García Yrigoyen, Franklin.  Conferencia "Redistribución y Reciprocidad" en Coloquio de Historia Monetaria del Perú.  Universidad de Lima. 10-19 octubre 1989.

[2].- Jerez, Francisco de. La verdadera Relación de la Conquista del Perú y Provincia del Cuzco.   Crónicas de la Conquista del Perú.  México s/f. p.111.

[3].- Garland, Alejandro.  Estudio económico sobre los medios circulantes usados en el Perú.  Lima, 1908.

[4].- Fernandez, Diego. "El Palentino".  Historia del Perú  Cap. LXII p. 194. Biblioteca de Autores Españoles.  Cronistas del Perú I.  Madrid, 1963.

[5].- Medina, José Toribio.   Medallas de  Proclamaciones y Juras de los reyes de España en América. Santiago de Chile 1917. p.5.  Edición facsimilar por  Quarterman publications Inc. Boston Massachusetts, 1973.  La descripción de la ceremonia se encuentra según Adolfo Herrera en "una obra impresa de la biblioteca nacional, sin principio ni fin, y que en letra manuscrita y que en la primera hoja dice "la ceremonia de alzar pendones en España por el nuevo rey - por don pedro de Ulloa Golfin y Portocarero."