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Entendemos como moneda forrada a aquella que imita los tipos coetáneos, de
forma claramente fraudulenta, al ser acuñada superponiendo un fino recubrimiento de oro o
plata sobre un cospel de cobre, u otro metal poco noble como el hierro.
Las frecuentes falsificaciones y la escasez de metales
nobles en momentos puntuales, son las causas de que estas amonedaciones
fueran tan abundantes en la antigüedad. Tradicionalmente se ha indicado que la
mayoría de las veces eran
acuñaciones de falsarios (simples falsificaciones), mientras que en algunas
ocasiones eran monedas de necesidad (piezas emitidas
en momentos de escasez de metales nobles en las cecas oficiales), pero los estudios actuales suelen apuntar que las monedas forradas
fueron siempre
acuñaciones fraudulentas, que las cecas oficiales no pudieron haber permitido tales
emisiones.
Dada la amplitud del fenómeno de la
monedas forradas, estas monedas fueron acuñadas por diversas culturas
(griegos, romanos, persas o bizantinos, entre otros) durante siglos, a lo largo y ancho de todo el
Mundo Antiguo (desde el río Indo al Guadiana) y comprendiendo todas las
denominaciones de metales nobles (óbolos, dracmas, denarios, estáteras, sólidos, etc.).
Por ello veo
difícil apuntar una sola explicación a estas interesantes amonedaciones, pensar
que en todos los casos eran acuñaciones fraudulentas me parece muy arriesgado.
El perfecto arte
de algunas monedas forradas siempre me ha hecho pensar en la posibilidad de
encontrar un "cuño coincidente", un cuño que, habiendo sido usado tanto en monedas
oficiales como en monedas forradas, demostraría que -al menos en casos puntuales-
las cecas oficiales emitieron monedas fraudulentas (forradas). Pero el tema resulta
complicado, es necesario encontrar una pieza forrada de alguna ceca con relativo poco
volumen de acuñación y después, hacer un estudio en profundidad de los cuños de
dicha ceca.
Finalmente, tras años de
búsqueda, conseguí el denario forrado de Arsaos que se muestra a continuación y gracias a la colaboración de José Fernández (Oilaunes), gran conocedor de
dicha ceca, y de otros expertos del
Foro de Denarios.org,
logré por fin encontrar dicho "cuño coincidente", descubriendo nada
menos que cuatro denarios de Arsaos
cuyos anversos coinciden con el de mi moneda forrada. Como era de esperar, en los reversos no hay tal coincidencia.
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Denario forrado de Arsaos Subasta J. Vico S.A.
(12-11-2009) |
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1.- Denario Cortesía J. Fernández (Oilaunes) |
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2.- Denario Cortesía J. Fernández (Oilaunes) |
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3.- Denario British Museum (#1929,0410.4) |
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4.- Denario Subasta J. Vico S.A. (17-11-1994) |
En una primera mirada, estas cinco
monedas de Arsaos parecen ser producto del mismo cuño, pero una exploración más detallada (haced clic en
ellas para ver una imagen comparativa) muestra algunas sutiles diferencias:
A.- El delfín del denario forrado es más
estilizado, más delgado que el del resto de las monedas.
B.- Los puntitos de la barba no coinciden totalmente en todos casos.
C.- El perfil del ojo de las monedas nº 1 y 4 parece no coincidir
con las otras.
Debatido el tema en dicho foro, pienso que fueron explicadas
satisfactoriamente estas diferencias, dado que las cinco monedas podrían haber sido acuñadas
con cuños de la misma serie, esto es, obtenidos a partir de
la misma patriz (punzón en positivo), o bien -lo que es más probable a mi juicio-
que se trataría de un solo cuño, pero
éste, después de acuñar la moneda forrada, habría sido limpiado y repasado
repetidas veces, de forma que el delfín fuera resultando más grueso en las siguientes emisiones. Si
asumimos esto, claramente significaría que las monedas oficiales fueron acuñadas
con posterioridad a la moneda forrada, por lo que no podríamos hablar de robo
puntual de cuños para acuñar monedas fraudulentas, sino de un caso en el que la ceca oficial, usando el mismo
cuño, emitió primero monedas forradas y luego monedas oficiales. Todo lo cual me parece bastante probable, dado en
agitado contexto social del momento (Guerras Sertorianas).
¿Demuestra todo esto que algunas cecas,
en momentos puntuales, participaron en la emisión de monedas fraudulentas? Yo
pienso que sí.
Las monedas forradas de plata se conseguían recubriendo el cospel de cobre de una fina lámina de
plata de alta pureza y calentando el conjunto durante 3 minutos a una
temperatura de 800º C. En estas condiciones se iniciaba la difusión en sólido del
cobre en la plata y a continuación, alcanzada la temperatura del eutéctico, la
disolución de la plata en el cobre.
Si el tiempo hubiera sido mayor, toda la plata
habría sido disuelta quedando sólo el eutéctico en la superficie. Al enfriar se solidificaba la
solución, soldándose entre sí núcleo y cubierta, acuñándose después normalmente con el cospel así obtenido.
Por otra parte, debo hacer notar que no se descarta que el forrado de un cospel de cobre ya acuñado,
mediante su inmersión en plata líquida, fuera también un método utilizado en algunas ocasiones.
Normalmente la acuñación se realizaba utilizando cuños falsos como el mostrado a
la derecha. Se trata de un cuño de bronce obtenido por fundición, partiendo de
una moneda descentrada, y engarzado
en un mango de hierro. Este cuño debió de ser utilizado para acuñar el reverso
de los denarios republicanos
forrados de la Gens Antestia (Crawford 238/1) a finales del siglo II a.C. Es destacable que tomaran como
muestra una moneda descentrada, seguramente con ello intentaban hacer más
verosímiles las monedas falsas resultantes. Esta singular pieza arqueológica fue subastada en enero de 2009 por Classical Numismatics Groupe.
Los sofisticados métodos de fabricación y el buen arte de muchas de estas piezas
constituyeron sin duda un problema para las autoridades de la época, quienes a
pesar de imponer severas penas a los falsificadores, necesitaron del control
ejercido mediante las marcas de control o prueba. El elevado número de monedas
forradas que no fueron descubiertas y que han llegado a nuestros días, da
muestras de la magnitud del fenómeno. Por ello en las monedas antiguas
es frecuente ver marcas, punzonados o cortes de prueba, que eran realizadas por los cambistas
(nummularii) precisamente para averiguar la composición de la moneda,
descubriendo así las monedas forradas que debían ser retirarlas de la
circulación. Pero puesta la ley, puesta la
trampa, veamos estos tres ejemplos:
La moneda de la izquierda es un
tetradracma forrado de Atenas (Ática, siglo V a.C.) de 13,7 g., que presenta un profundo corte de prueba en
el reverso y sorprendentemente, no se atisba rastro alguno del cobre que forma el núcleo de la
moneda. Esto significa que los
falsificadores fabricaron la moneda con dicho corte de prueba incluido,
plateándolo cuidadosamente para que el engaño fuera efectivo. ¿Increíble, verdad? Pues así
debió de ser, de este modo lo explica Reid Goldsborough en su
artículo: "Ancient Fourree Owls",
y además veremos que las monedas siguientes corroboran tal hipótesis.
La moneda de centro es un caso
similar. Es un siglos forrado de Byzantion (Tracia, siglo IV a.C.) de 4,1 g,
que tiene un profundo golpe de punzón en el reverso. La moneda es forrada sin
duda alguna, el cobre asoma por el anverso y su peso debería ser superior a los 5
g, pero la marca de prueba muestra plata y solo plata, no presenta rastro alguno de cobre. ¿Estaba
dicha marca de prueba grabada de antemano en el cuño? o tal vez, ¿se acuñó la
moneda en cobre para después ser marcada y por último plateada? Ciertamente no
lo sé. Reid G. indica en su artículo la primera opción, pero la dificultad de
hacer fluir la plata dentro de esta marca tan estrecha y profunda (en el
caso de haber sido grabada en el cuño), me hacen pensar más bien en la segunda opción.
Pero la moneda de la derecha es ya "el más
difícil todavía". La presenta Bill Welch en su artículo: "Gallery of Holed Coins".
Es un denario forrado de Julia Maesa (Roma, siglo III d.C.) de 2,51 g, con la
particularidad de que... ¡el agujero está plateado! Esto significa que los
falsificadores pensaban en todo. ¡Quién iba a rechazar por falsa, una moneda que
había pasado con éxito prueba tan contundente como esa!
Las monedas forradas de oro debieron conseguirse con procedimientos
similares, si bien en este caso los cospeles parece que estaban hechos mediante
aleaciones de plomo, seguramente en un intento de conseguir algo más de peso.
Generalmente el coleccionista de moneda antigua busca monedas genuinas y rechaza
este tipo de presuntas falsificaciones de época, por lo que sus precios suelen ser bastante
asequibles. Estas curiosas monedas se pueden encontrar sin problemas por la tercera o cuarta
parte de lo que alcanzarían sus monedas coetáneas "originales".
En un mercado cada vez más difícil en el que las falsificaciones modernas
abundan, destaca el hecho de que las monedas forradas parecen ser difíciles de falsificar (o bien son poco
interesantes para los actuales falsarios), por lo que
si sumamos a su relativo bajo precio dicha escasez de falsificaciones
modernas,
y si tenemos en cuenta su gran variedad e indudable valor numismático-histórico, resulta que
las
denostadas "forradas" son unas monedas mucho más interesantes para el
coleccionismo de lo que en un
principio podría parecer.
La variedad que podemos lograr en nuestra colección es impresionante. Esta/s técnica/s se emplearon durante siglos en prácticamente todas las
culturas, utilizándose para falsificar desde los diminutos óbolos griegos
hasta los sólidos bizantinos, pasando desde luego por las amonedaciones romanas,
persas, célticas, etc. A continuación se muestran tres curiosos ejemplos, y en
la siguiente página, pueden verse todas las monedas forradas de Tesorillo.com.
En la moneda de la izquierda vemos
un curioso ejemplar de zuz judío. Durante la 2ª
Revuelta (132-135 d.C.) las monedas de plata del invasor
romano fueron reacuñadas con los símbolos judíos, en este caso tomaron un
denario o dracma forrado y -presumiblemente- lo reacuñaron sin darse cuenta de la falsedad
de la moneda romana. Diríase que estaba
tan bien hecha la falsificación que logró resistir la reacuñación y sólo el
paso de los siglos logró descubrir el engaño.
La moneda forrada del centro
corresponde a la acuñación oficial de Mylasa (Caria) de la segunda mitad del
siglo V a.C. y lo destacable en este caso son sus dimensiones. Se trata de un
pequeño hemióbolo falsificado de 9 mm y 0,38 g., cuando la acuñación oficial
ronda los 0,6 g. Puede parecer extraño que alguien hiciera un trabajo tan
logrado para obtener tan solo unas décimas de gramo de plata, sin embargo, es
evidente que al falsificar monedas tan pequeñas se lograba evitar las marcas de
prueba de los cambistas y por lo tanto no se detectaba el fraude.
La moneda de la derecha llama la
atención al tratarse de un denario forrado y a la vez híbrido. El anverso corresponde al emperador romano Tiberio
(14-37 d.C.) mientras que el reverso es copia de los denarios que habían sido emitidos por la gens Satriena en el año
77 a.C., es decir casi un siglo antes.
Madrid (España), 25 de noviembre de 2008
mapila
- "Fourrees - Plated Coins"
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por Doug Smith
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