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Lista de Emisores:  A-D  E-M  N-Z

PUPIENO
Leyendas más comunes del anverso

 IMP CAES M CLOD PVPIENVS AVG     
 IMP CAES PVDEN MAXIMVS AVG
 IMP CAES PVPIEN MAXIMVS AVG
 IMP C M CLOD PVPIENVS AVG


PUPIENO

Abreviaturas:  A-F  G-O  P-X

 


 

   Marco Clodio Pupieno Máximo, descendiente de una familia humilde, nació hacia el año 164 d.C.

 Ejerció muy diversos cargos públicos: gobernador en Bitinia y las Galias con gran acierto, Senador, Pretor y Cónsul por dos veces. Amante de su país, hombre virtuoso y de moralidad irreprochable fue siempre imparcial juez en el desempeño de sus funciones.

 Después de las expediciones victoriosas contra sármatas y germanos, se le nombró Prefecto de Roma, desempeñando el cargo con mucho talento y prudencia.

 Cuando llego a Roma la noticia de la muerte de los dos Gordianos y además, que Maximino se dirigía hacia Italia al frente de un poderoso ejército, el Senado -aterrorizado- se reunió con toda urgencia en el templo de Júpiter y el día 9 de Julio del año 238 d.C., nombró dos nuevos Augustos en las personas de Décimo Balbino y Máximo Pupieno a título totalmente paritario y ambos con la dignidad de "Pontifex Maximus".

 Maximino regresó de sus campañas en la Panonia (región europea que actualmente es Hungría) e intentó sofocar rápidamente la rebelión, marchando hacia Roma. Su ejercito cruzó los Alpes sitiando Aquileia, al noreste de Italia. La ciudad resistió varios meses de asedio y finalmente, tanto él como su hijo Máximo fueron asesinados por sus propios soldados en el año 238, al este de Venecia, en Aquilea.

 Muertos a manos de sus tropas Maximino y su hijo, Pupieno (que se encontraba en Ravena) regresó a Roma, recibiendo un caluroso recibimiento por parte del Senado y de Balbino.

 Ambos emperadores se dedicaron entonces a sus tareas de administración conjunta que desempeñaron de una forma cabal, desinteresada y eficaz. Desgraciadamente, esta buena marcha de los asuntos públicos no duró mucho tiempo, los pretorianos, disgustados porque se estaban tomando medidas para restaurar la disciplina militar, aprovecharon que la atención pública estaba centrada en unos juegos capitolinos que se estaban celebrando, para irrumpir en el palacio imperial y asesinar bárbaramente a los dos emperadores.

 Así acabó, a los tres meses de su comienzo, la soberanía imperial de estos dos hombres ilustres, dignos de mejor suerte.

 

 

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